sábado, 21 de diciembre de 2013

Aurora Humarán

Con mi maestra de preescolar


“Aurora, ¿cómo andan tus recuerdos de cómo aprendiste a leer?”

Muy frescos, le contesté a Mayti, porque es un tema que suele conversarse en reuniones familiares. ¿Por qué? Porque fui precoz con la lectura, pero no por ningún mérito intelectual, sino por mi ya por entonces (insoportable) incapacidad de quedarme quieta.

Tenía 4 años, y contraje hepatitis. Eso me tuvo en cama durante muchos más segundos de los que toleraba por entonces (u hoy). No sabían qué más hacer para que no me aburriera. Así, llegaron los diarios, las revistas y los libros. Nadie entiende cómo fue porque nadie me enseñó, pero lo cierto es que en unos poquitos meses, ya leía sola.

Casi al mismo tiempo, como una compañera inevitable de la lectura, llegó la escritura. Fue por esto que cuando empecé el preescolar ya sabía leer y escribir. Recuerdo con cariño cuando la maestra de primer grado nos pedía que dibujáramos sol, sol con nube, nube, lluvia… Ya saben, lo típico, acompañado de una oración: Hoy es un día soleado. Hoy llueve. Mis escritos no eran de una oración, sino que solían ocupar una página. Y se nota que me gustaban las metáforas desde esa época porque en uno de esos verborrágicos detalles meteorológicos escribí, sobre la luna: “esa pálida viajera del espacio”.

Mamé el amor por los libros en casa. Mami leía. Todos hablaban sobre literatura. O me contaban sobre mi bisabuelo escritor (anarquista vasco), amigo de Alfonsina y de Horacio Quiroga. O sobre Estela Canto (la mujer Aleph, mi tía bisabuela). Eso me nutría. Eso me hizo la que soy. Cuando terminé primer grado, mi abuela materna me regaló una colección de diccionarios enciclopédicos (más grandes que yo). Los amo. Acá los tengo, cerquita.

Luego la suerte me trajo a la vida a una maestra mágica (desapareció con la dictadura, con los otros 29.999). La señorita María Elena nos ponía “Las cuatro estaciones" de Vivaldi y nos decía, alta y sonriente: ¡escriban! Y esa Aurorita, que sufría a la hora de calcular cuánto tardan tres albañiles en construir una pared si uno solo tarda dos días, era feliz y construía mundos en esos  renglones. De ese contacto con María Elena nació un libro que ocupó un cuaderno Gloria. Trataba sobre un caballo que vivía solo en un planeta chiquito y cuidaba una flor. El plagio tan obvio me produce una ternura infinita.

Otra maestra, la señorita Ema, organizaba carreras de diccionarios. Decía una palabra, y el que la encontraba primero ganaba. Un placer premonitorio.

Tengo muchos recuerdos asociados con los libros. Esperaba al señor del Círculo de Lectores como quien espera un nuevo juguete. Sentada al lado de mi mamá (a quien, en realidad, visitaba el señor) me emocionaba ver los libros que salían de las cajas prometedoras. El primer libro “de grandes” que leí fue "El habitante y su esperanza" de Pablo Neruda (robado de la biblioteca de mi madre).

La coronación de mi vida en este tema es haber parido una hija palabrera. Desde los "libros de chico", con escala en Agatha Christie, Asimov y otros amigos, le presenté a Baricco (Noveccento), y ella me regaló mi primer contacto con Unamuno (Niebla). Cada año, antes de entrar a la Feria del Libro, nos juramos que este año no compraremos muchos libros. Promesas que nacen muertas. Vicios saludables.

Hoy escribo en español lo que otros escribieron en inglés. Una variedad un mucho encorsetada de escritura, pero hermosa.

Leo apasionadamente, de a tres o de a cuatro libros. Primero los huelo, como hace cualquier palabrista que se precie. A mi escritor favorito, Borges (¿quién otro?) lo releo cada tanto. Me nutre. Y llámenme rara, pero de corazón siempre he sentido que los escritores que amo son mis amigos. Por eso, a veces, les escribo, en sus mismísimas hojas, que los quiero, les agradezco o les estampo un beso al terminar de leerlos. Son Jorge Luis, Marechal, Wilde, Carpentier, Manucho, Octavio, Virginia, Capote, Pessoa, Pablo el chileno enorme, Hawthorne, Brecht, Julio, Fiodor, Ray con sus seres de ojos amarillos, el tortuoso Poe y la tenue Emily. Soy mucho de lo que soy gracias a ellos.

Aurora Humarán
Traductora