viernes, 6 de diciembre de 2013

Melchor Manota


Eran los últimos años de la década de los 50 y, aunque no tengo conciencia exacta del momento en el que comencé a leer, si la tengo acerca de los factores que influyeron, de manera decisiva, en mi aprendizaje inicial, tanto en la lectura como en la escritura.

Mis primeros recuerdos de lectura y escritura en la escuela de mi pueblo me llevan a una cartilla que se llamaba "Raya primero". En ella empecé a conocer las vocales y las primeras letras. Por supuesto, a base de repetir innumerables veces tanto la lectura, que hacíamos cantando y a coro, como las interminables muestras y copiados para la escritura.

Hubo, sin embargo, fuera de la escuela, dos pilares que influyeron en mi despertar a la lectura. El primero era un señor mayor que se llamaba Matías y que, en las calurosas noches de verano sentados al fresco nos contaba, con infinita paciencia, los inolvidables cuentos de Calleja y el bizco Pardal. Eso despertó en mí el deseo de leer y conocer mejor esas historias y, por fortuna, encontré otro eslabón que me ayudó en la tarea: los tebeos. Mis preferidos eran El capitán Trueno, Roberto Alcázar y Pedrín y El Guerrero del Antifaz. Recuerdo que íbamos al  quiosco de "El Chico" y, por unas "gordas" (así llamábamos a las monedas de céntimos de peseta) podíamos cambiar unos tebeos  por otros, una y otra vez.

En la escritura tuve la suerte de tener un maestro que se llamaba don Manuel, al que le debo el amor por la escritura. Respetar los trazos, las formas. Tenía una gran vocación y contagiaba su afán por el trabajo bien hecho.

A lo largo de mi vida he procurado seguir esa máxima. La Lengua es el principal y más preciado tesoro del que dispone el pueblo. Debemos cuidarla al máximo , respetarla y enriquecerla día a día.

Por último dejar constancia de que en la vida, con el paso de los años, aprendes a valorar la importancia que puede tener el maestro o la maestra o las personas de nuestro entorno más cercano. Y llegas a la conclusión de que la calidad de la educación que recibes viene dada, fundamentalmente, por lo que ellos son capaces de transmitirnos.

Melchor Manota
Maestro jubilado.