jueves, 12 de diciembre de 2013

Benito García Peinado



Mi padre hubiera preferido el colegio donde estudió él, La Mirandilla, pero nos quedaba muy lejos, casi en la otra punta de Cádiz, así que mi madre se salió con la suya y me llevaron a la Academia de Enseñanza primaria Hermanos Garate que había cerca de casa y que era muy pequeñita, apenas un chalecito con cuatro o cinco habitaciones que servían de clases y en la que Don Francisco, que ejercía la dirección, tenía un trato muy personal con todas las familias. Además, se ofrecía la posibilidad de apuntarse a las clases de apoyo y recuperación por las tardes para hacer las tareas, toda una novedad por entonces, una vez terminada la jornada escolar.

Me acuerdo muy bien de la señorita Vicky (mi primera maestra) de la que por supuesto, me enamoré. Recuerdo también la cartilla Palau con la que aprendía a leer y los dibujos que en ella había. Una vez terminada esta etapa inicial finalicé mi escolarización básica y los estudios medios en el colegio San Felipe Neri que los Marianistas mantienen en Cádiz.

No he sido un gran lector de libros “importantes” cuando niño, pero no culpo a la escuela de ello. Coincido con algunos que me han precedido en este blog en que los pilares básicos sobre los que me interesé por la lectura estaban fuera de la escuela. Creo que la lectura, por aquellos tiempos, era una tarea familiar y social y sencillamente no estaba preparado para ellos.


No conocí a los clásicos de la literatura universal hasta que me hice un zagal de nueve o diez años, época en la que dediqué muchas horas a la lectura de las entregas semanales del Guerrero del Antifaz, que dio lugar a una interminable lista de cómics y tebeos de la época hasta que llegó el increible Spiderman y del que salté a las colecciones ilustradas de los clásicos, a las novelas de Julio Verne, a La Isla del tesoro, a Robinsón Crusoe, Los tres mosqueteros...


Esta historia personal con los cómics y las novelas ilustradas sigue hoy día en mis clases, donde trato que la chavalería acceda a estos clásicos mediante lo visual. Soy de los que piensan que hay que invertir en cómics en las bibliotecas públicas y los espacios dedicados a los libros en las aulas, porque desde ellos, contribuiremos a que las generaciones futuras se interesen por la lectura de una manera más natural.



Benito García Peinado

Maestro de Primaria.