jueves, 7 de mayo de 2015

Manuel Jesús Fernández Naranjo



“Recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidarse es difícil para quien tiene corazón.”  (Gabriel García Márquez).

No tengo un recuerdo muy claro de cómo aprendí a leer ni de quién me enseñó. Sí tengo un vago recuerdo de mi madre y mi padre prestándome atención cuando empezaba a “leer” ciertas cosas como etiquetas, carteles, cajas de juguetes… Mi familia no era lectora, no había mucha tradición. Sólo la prensa, algunas revistas y poco más.

Sobre todo me acuerdo de la miguilla de doña Paquita, como le llamábamos los que íbamos y cómo se le conocía en el barrio. Era una casa cercana en la que coincidíamos muchos de los niños del barrio y a la que fui hasta los 7 años. Llevábamos nuestra pequeña silla que dejábamos en la casa de la maestra y nos sentábamos en una habitación en filas de tres sillas enfrentadas con un pasillo central y la pequeña pizarra estaba en una de las paredes frontales.

Posiblemente allí aprendí a leer y a escribir porque cuando entré en el colegio directamente fui a 2º de EGB. Y ya era capaz de leer los nombres de los cromos de los equipos de fútbol, sobre todo del Barcelona y del Sevilla que eran los que más me gustaban.

Mis primeras lecturas fueron los tebeos de mi hermano, que tiene seis años más que yo, las aventuras de Astérix y los cuentos de Mortadelo.  Por aquella época escribí dos pequeñas obritas artesanales: una, La revelación (rebelión) de los Cuervos, sobre una revuelta de una tribu india frente a los “comboys” (cowboys) y La historia del ciclismo porque en aquella época me apasionaba la pugna entre Eddi Merkc y Luis Ocaña.

También me acuerdo de hojear la revista Selecciones del Reader´s Digest de la que mi padre era socio y que el primer libro que me leí fue El Triángulo de las Bermudas de Charles Berlitz. Después vinieron las lecturas escolares y mi empeño
en 2º de BUP por leerme todas las novelas ejemplares de Cervantes, .

A partir de ahí, el vuelo. Libros de historia, para estudiar y disfrutar, novelas clásicas y recientes. De todos ellos, mis libros preferidos quizás sean Bomarzo de Manuel Mújica Laínez y La conjura de los necios de John Kennedy Tool.

Pero mi recuerdo más especial es el placer de leer junto a mi compañera en el patio de su casa o en la plaza de Peñaflor, oliendo a azahar. 

Por eso, lo que me quedan son más sensaciones que recuerdos concretos. El placer de la lectura más que la lectura en sí. El acto más que el libro. El corazón más que la memoria.


Manuel Jesús Fernández Naranjo
Maestro.